El verdugo

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Sinopsis

José Luis, empleado de una funeraria, quiere ir a Alemania para convertirse en un buen mecánico. Conoce a Carmen, la hija del verdugo, de la que se enamora. La pareja de novios espera un hijo y, deben casarse. Amadeo, el verdugo, está a punto de conseguir el piso de sus sueños. Pero se va a jubilar y, si no quiere perder la vivienda, su yerno José Luis debe de coger la vacante que deja Amadeo. Presionado por la familia, José Luis acepta la propuesta de su suegro, convencido de que jamás ejercerá tan ignominioso oficio.

Comentarios

Estamos ante una de las mejores películas españolas de la comedia negra. La película presenta un verdadero alegato contra la pena de muerte.

Cuenta Luis García Berlanga, que tras escuchar el relato según el cual el amigo de un amigo, verdugo para más señas, pasaba peor rato que el reo al que le tocaba ejecutar, visualizó una poderosa imagen que luego plasmó sin cambio alguno en la pantalla, la del enorme vestíbulo blanco. Vio la necesidad de “rellenar” 90 minutos más de historia que justificaran el citado momento, para lo que contrató a Rafael Azcona.

Lo realmente magistral es el guión. Azcona y Berlanga realizan un alegato contra la pena de muerte, planteando el drama desde el punto de vista del ejecutor. La película teniendo como guionista a Azcona, tiene asegurado el éxito. Nadie como él supo plasmar tan fielmente aquella grotesca y tragicómica España de los 40 y 50. Esa escalofriante España repleta de curas, militares y beatas. De repeinados funcionarios con bigote, de grises hombrecillos con pantalones de tiro alto y boina calada. Pero lo mejor de todo, es que el bueno de Rafa siempre supo impregnar sus historias, aquellas de las que nunca quiso alardear, de un toque muy especial.

El film suma comedia negra y drama. A partir de su excelente guión se construye un discurso humorístico, irónico y sarcástico contra la pena de muerte.

El film suma comedia negra y drama. A partir de un excelente guión construye un discurso humorístico, irónico y sarcástico contra de la pena de muerte. Expone, además, la facilidad con la que un ser humano puede perder la libertad de elección y decisión. La narración traspira una acidez especial, acompañada de un tono esperpéntico que delata la huella del tándem Azcona y Berlanga. Los diálogos son brillantes y destilan verismo y naturalidad. Los personajes están bien desarrollados. Elabora una sátira hilarante de la España chocante y extravagante de la época, que se presenta disimulada bajo la apariencia de un agitado humor costumbrista. Contraviniendo el orden natural de las cosas, el verdugo es la víctima.

Como escena a resaltar, esa en la que van reo y ejecutor camino hacia la ejecución. Ese gran patio blanco con la puerta al fondo. Parece que los papeles estuvieran invertidos. El grupo que acompaña al reo tiene que consolar al ejecutor.

Aborda con sorna la denuncia de grandes problemas sociales, como la escasez de la vivienda y la carestía de sus precios, el paro endémico y la emigración española a Alemania, la proliferación de subempleos, la burocratización exagerada de la administración pública, la proliferación del enchufismo, las grandes diferencias de clase, etc. Subraya el pintoresquismo del emergente turismo de masas y sus aficiones extravagantes.

El personaje de José Luís (Nino Manfredi) es de lo mejor de la cinta. Él es un pobre hombre, un antiheroe, que por circunstancias de la vida se ve forzado a dejar su sueño de viajar a la idealizada Alemania a trabajar pero se ve fozado a casarse con su novia por dejarla embarazada, y a trabajar de verdugo solo para poder conseguir un piso, al final también se ve forzado a ejecutar a alguien muy a su pesar. De esta forma José Luís es esclavo de los tradicionalismos que le obligan a casarse y también de la pobreza, que le obliga a convertise en verdugo.

Los gags del ácido y surrealista Berlanga, el chiste de quitarles la música a los enamorados, que de humildes que son no pueden tener ni un baile con música. O justo antes, cuando va en busca de su chica se tropieza con un “regalo” de los que acostumbran a dejar los animales por el campo. Otros gags como el del agua entrando por la ventana de la casa de la familia de José Luís, el hombre haciendo sus necesidades delante de la nueva casa… nos introducen en el mundo de aquellos tiempos de pobreza y cotidianidad.

Curiosidades

La escena final se inspira en la ejecución de Pilar Prades Expósito llevada a cabo por el verdugo Antonio López Sierra. Nacida en una familia humilde de Bejís, se traslada con 12 años a Valencia para servir. Analfabeta y con carácter introvertido, cambia varias veces de casa hasta que en 1954 entra a trabajar para el matrimonio de Enrique Vilanova y Adela Pascual que regentan una chacinería en la calle Sagunto de Valencia. Pilar trabaja en la casa e incluso atiende en el mostrador de la charcutería cuando se acumulan los clientes. El 19 de marzo Adela cae enferma con lo que al principio se diagnostica como gripe, falleciendo después. Tras su muerte, Enrique echa de la casa a Pilar, cierra el negocio y abandona Valencia.

Pilar entra entonces a trabajar en el domicilio del médico militar Manuel Berenguer y su esposa Mª del Carmen Cid, recomendada por Aurelia Sanz Hernanz, la cocinera. Al poco tiempo, Aurelia cae enferma. El doctor Berenguer se alarma e ingresa a Aurelia en el hospital, donde parece experimentar cierta mejoría. Cuando su mujer presenta los mismos síntomas, consulta a otros especialistas y realizan una prueba diagnóstica para confirmar la presencia de veneno. A continuación, se pone en contacto con Enrique Vilanova. Tras ello, presenta una denuncia contra Pilar y se exhuma el cadáver de Adela, hallando restos de arsénico.

Aunque las pruebas se consideran circunstanciales, ya que Pilar confesó tras 36 horas sin comer ni dormir, se halló entre sus pertenencias un frasco de un matahormigas con base de arsénico que se sospechó fue el arma del crimen. Pese al consejo de su abogado, se declaró inocente. Fue condenada a muerte y su sentencia ratificada por el Tribunal Supremo. El verdugo designado para llevar a cabo la ejecución fue Antonio López Sierra quien, tras saber que se iba a ejecutar a una mujer, se negó a hacerlo. La ejecución, prevista para las seis de la mañana, se llevó a cabo más de dos horas después en espera de un indulto que no llegó. Al verdugo hubo que emborracharlo y llevarlo a rastras al patíbulo.

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