El cine posterior a la Primera Guerra Mundial

Tras la guerra y frente a la hegemonía alcanzada por la industria cinematográfica de Estados Unidos, se hace necesario volver a relanzar la industria en Francia.

La escuela impresionista

Es en Francia donde nacerá la “escuela impresionista” con uno de sus realizadores, Marcel L´Herbier que viajó a Granada para reproducir con gasas colocadas ante el objetivo de su cámara el efecto Flou (un cierto desenfoque con intención), que con sus imágenes desviadas en El dorado (1921) se inspiraba en la mirada impresionista de los pintores impresionistas.

Otros directores que destacan en esta escuela son Abel Gance y Jean Epstein que sorprenden con la sutileza de su inteligencia en la captación de la realidad social.

Movimientos vanguardistas

Tras las primeras sendas abiertas por los impresionistas, a partir de 1920 surgen las primeras vanguardias, otras formas de expresión más osadas y provocativas. A partir del manifiesto de André Bretón, el cine experimental francés incorpora la revolución estética del movimiento surrealista. Una de las aportaciones más brillantes al movimiento es la realizada por Luís Buñuel que llega a París en 1925 y, en 1928 dirige su primer film Un perro andaluz en colaboración con Salvador Dalí. En 1930 dirige La edad de oro, otro hito surrealista.

Además otros directores que destacan en los años 20 son Jean Renoir y René Clair.

Jean Renoir era el segundo hijo del famoso pintor impresionista Pierre-Auguste Renoir. Realiza sus mejores trabajos con la llegada del cine sonoro.

La obra muda de René Clair es muy representativa del cine francés de ésta época. Dirigió su primera película en 1923, París dormido, una deliciosa mezcla de humor y fantasía realizada con poco dinero. Esta película, que describe el caos de la capital francesa al quedarse dormidos sus habitantes como consecuencia de un rayo que emite un científico loco, dejó claro por donde iba a moverse Clair a lo largo de su trayectoria: la fusión entre sueño y realidad, lo trascendente y lo cotidiano. Su película muda de mayor éxito es Un sombrero de paja de Italia (1927) ambientado en la Belle Epoque de finales del siglo XIX, se acerca en muchas ocasiones a la comedia slapstick de Buster Keaton o Mack Sennett. A partir de entonces, la obra de Clair adoptará un inofensivo carácter satírico, con el que retrata a la sociedad burguesa de su tiempo.

La escuela Expresionista de Alemania

La cinematografía alemana se verá pronto enriquecida con la incorporación de un universo temático y formal procedente de la escuela expresionista, que nace como movimiento pictórico de vanguardia en Munich sobre 1910. La escuela expresionista muestra predilección por los temas fantásticos de antiguas leyendas o de oscuros escenarios de terror. Una tendencia que muchos estudiosos reconocen como claro reflejo de la inestable situación política y social que atraviesa la recien inaugurada República de Weimar.

La corriente expresionista es llamada así por contraste con la corriente impresionista del siglo XIX en pintura, es decir, con aquél tipo de pintura en la que prima la “expresión subjetiva” sobre la representación de la objetividad. El expresionismo propone una interpretación subjetiva de la realidad que, desde la optica del artista, se presenta totalmente distorsionada.

El Gabinete del doctor Caligari (1919) produce una ruptura estética, que en el cine dará forma a un universo de fantasía, poblado por personajes de pesadilla. En esta obra aparecen ya, claramente definidas, todas las propuestas formales y temáticas del movimiento expresionista.

El gabinete del doctor Caligari es una película inspirada en una serie de crímenes sexuales que tuvieron lugar en Hamburgo, Alemania. Narra los estremecedores crímenes que cometía Cesare, bajo las órdenes del doctor Caligari, que recorría las ferias de las ciudades alemanas exhibiendo a su sonámbulo. La idea de los guionistas era la de denunciar la actuación del Estado alemán durante la guerra. Pero Robert Wiene, que será quien la dirija, añadirá dos nuevas escenas al guión, una al principio y otra al final, que cambiarán todo el sentido de la historia, pues se convierte en el relato imaginario de un loco que cree ver en el director del hospital psiquiátrico en el que se halla al terrible doctor Caligari.

El principal atractivo de la película reside en su anormalidad escenográfica, con chimeneas oblicuas, reminiscencias cubistas y ventanas con forma de flecha, todo ello con una función meramente dramática y psicológica, y no como algo decorativo. Es cierto que el azar va a contribuir a realzar ese dramatismo, ya que, debido a la limitación de la iluminación en el estudio donde se rodó, se decidió pintar los decorados con luces y sombras.

Otra figura importante de esta escuela es Fritz Lang que, habiendo estudiado arquitectura y bellas artes, aportará al expresionismo una nueva concepción arquitectónica y monumental que encuentra su pleno desarrollo en Los Nibelungos (1923-24), colosal epopeya germánica en la que se anuncia el renacimiento de un misticismo racial que abrirá camino al nazismo.

Metrópolis (1926), será su obra definitiva. En ella, jugará con espacios, volúmenes y claroscuros. Metrópolis es un tratado sociológico, algo infantil, donde muestra una sociedad dividida según su raza en dos estamentos: el de los señores y el de los infrahombres, esclavos que viven bajo tierra, sometidos al poder de las máquinas.

La mayoría de los historiadores exculpan a Lang de querer engrandecer al pueblo ario en sus películas, culpando a su esposa y guionista, Thea von Harbou, futura militante del partido nazi, de ser la responsable de ese enaltecimiento.

Teatro de cámara (Kammerspisfilm)

Mientras que el expresionismo va evolucionando, surge otra corriente en Alemania que se inspira en las experiencias escénicas de Max Reinhardt, famoso director teatral de la época.

Ésta escuela abandona los temas fantásticos y los decorados expresionistas, para intentar una aproximación al drama cotidiano, de unos personajes sencillos, inmersos en un espacio reducido, la modesta vivienda que adquiere un carácter claustrofóbico.

El último (1924) de Murnau, conduce con éxito al cine alemán del expresionismo al más puro realismo social. Historia del portero de un lujoso hotel que es trasladado de puesto de trabajo debido a su edad. El hombre no se conforma con la pérdida de su uniforme y lo roba cada día para regresar a su casa, hasta que es descubierto. Para dar agilidad al relato Murnau y su operador , utilizarán una cámara muy dinámica, atada al pecho de este último, para realizar travellings subjetivos circulares, e imitarán los movimientos de una grúa, situando la cámara en el extremo de una escalera de incendios.

Corriente realista

La reacción realista iniciadad por el Kammerspisfilm será ampliamente rebasada por un grupo de cineastas alemanes de los cuales destacará, George Wilhelm Pabst que en 1925 realizó Bajo la máscara del placer, un drama de miseria, interpretado por Greta Garbo, ubicado en un momento histórico y real. De estilo netamente realista, esta obra se rodó completamente en estudio, lo que hace que pierda parte de su fuerza por la falsedad de sus decorados, pero su mérito reside en presentar por primera vez la situación de la burguesía alemana, tras la guerra, arruinada y en crisis.

Pabst fue el primer cineasta que incorpora el psicoanálisis en una de sus películas, ayudado por dos discípulos de Sigmund Freud, realizando un estudio sobre la impotencia en 1926. Sus siguientes obras abordaron los problemas de la psicología femenina en una trilogía: Abwege, La caja de Pandora y Tres páginas de un diario, donde por medio de la vida de sus protagonistas femeninas realizó una crítica amarga de la Alemania de su época. Esos fueron los dos motores que movieron la obra de Pabst: los sentimientos y la realidad social de su país.

Pabst encarriló el cine alemán por la senda del realismo social, y, a la trilogía femenina, seguieron películas más comprometidas social y políticamente, que fueron prohibidas en 1933 tras el ascenso al poder del nacionalsocialismo.

El cine prerrevolucionario y postrrevolucionario de la Unión soviética.

La producción cinematográfica de la Rusia prerrevolucionaria es poco valiosa. En 1896, Moisson y Doublier, operadores de la Casa Lumière, ruedan La coronación del Zar Nicolas II.

Tras la Revolución de 1917 que llevó a Lenin al poder se crea la Escuela Cinematográfica del Estado que dará muestras de una gran autonomía en su personalidad debido a que las influencias extranjeras llegan con retraso.

Destaca un joven director, Lev Vladimirovic Kulechov que en 1922 realizó un laboratorio experimental donde cristalizó sus teorías. En ese laboratorio llevará a cabo sus “films sin película”, con fotos fijas, demostrando el poder creador del montaje con un famoso experimento en el que conseguía infundir diferente fuerza emocional a un único primer plano inexpresivo de un actor, según el contenido de los planos que le yuxtaponía: una cadáver, una mujer, un plato de sopa, un niño, etc. A esto se le llama Efecto K (Efecto Kulechov).

En estos años sobresale también la obra del polaco Dziga Vertov que se traslada muy joven a Moscú y se convierte en uno de los grandes documentalistas de la historia del cine. Junto con un grupo de jóvenes cineastas crearon el movimiento cine-ojo. Rechazan de plano todos los elementos del cine convencional: desde la escritura previa previa de un guión hasta la utilización de actores profesionales, pasando por el rodaje en estudios, los decorados, la iluminación, etc. Su objetivo era captar la “verdad” cinematográfica, montando fragmentos de actualidad de forma que permitieran conocer una verdad más profunda que no puede ser percibida por el ojo.

En 1922, Vertov comenzó la serie de noticiarios Kino-Pravda (Cine-Verdad). En la serie Kino-Pravda, Vertov filmó todo tipo de lugares públicos, en ocasiones con cámara oculta y sin pedir permiso. El más famoso noticiario fue Leninskaya Kino-Pravda, que mostraba la reacción a la muerte de Lenin en 1.924. Durante los años rodó varias películas, pero destaca sobre todo El hombre con la cámara (Cheloviek s Kinoapparatom, 1929).

El cine soviético llega a su madurez con Sergei Mijailovich Eisenstein. La obra de este autor nos interesa por sus aportaciones al lenguaje narrativo en sus montajes. Planteó las combinaciones de planos como conflictos que generasen respuestas emocionales en el espectador. Su obra maestra es El acorazado Potemkin (1925).

Estados Unidos

Durante los años de la Primera Guerra Mundial, la producción cinematográfica norteamericana alcanza su pleno desarrollo, convirtiéndose en una de las indústrias más prósperas del país. Estados Unidos se encuentra a la cabeza del mercado cinematográfico mundial. Comienzan a producirse películas espectaculares de alto costo como Ladrón de Bagdad (1924) o Ben Hur (1926).

Son los años del Western con John Ford y de la Escuela cómica norteamericana, que inaugurara Mack Sennett antes de la guerra, y que, en el momento actual se encuentra en plena madurez con actores como Buster Keaton, Harold Lloyd, Stan Laurel y Oliver Hardy, y por supuesto Charles Chaplin.

Otro director estaunidense es King Vidor que destaca con su película Y el mundo marcha (1928), retrato de la realidad social norteamericana del momento, en el que un modesto empleado trata de ascender inútilmente en la escala social.

De Buster Keaton destacan, entre otras, las obras maestras El maquinista de la general (1927), The Cameraman (1928) y The navigator (1924).

El austriaco Josef Von Sternberg, inaugura el género de cine de gansters con la Ley del Hampa (1927).