3.1. El nacimiento del cine sonoro

El primer largometraje con sonido y palabras está fechado en 1927 con la película El cantor de jazz de Alan Crosland. En cambio, el sonido llegó mucho antes al cine.

Recientemente hemos descubierto que una cinta de Lee DeForest titulada Imprescindibles fue rodada en 1923 donde aparece una jovencísima Concha Piquer con 16 años con una serie de recitados, un cuplé andaluz, un fado y una jota. Se trata de una grabación de unos once minutos donde la cantante valenciana se convierte en la primera actriz del cine sonoro. La cinta fue exhibida en el cine Rivoli de Nueva York en 1923.

Anteriormente, Thomas Alva Edison consiguió grabar la voz humana en el fonógrafo. El resultado del invento fue un Quinetófono que unificaba el sonido con la imagen. La película con la banda sonora grabada en un quinetoscopio iba sincronizado por una correa al fonógrafo.

Posteriormente hubo otros emprendedores que intentaron dar sonido al cine como Dèmeny, Pathé, Gaumont y Lauste entre otros, que no consiguieron dar buena calidad al sonido y ni a las películas debido a los problemas de sincronización.

Es en 1926 cuando se estrena en Nueva York Don Juan, con efectos sonoros y una partitura sincronizada. El 6 de octubre de 1927 se estrenó El cantor de Jazz. Y, la primera película sonora en recibir una aprobación crítica casi universal fue El ángel azul estrenada el 1 de abril de 1930, dirigida por Josef Von Sternberg.

Hacia 1930 el cine sonoro era ya un hecho evidente, se mostraba rentable e hizo tambalear todos los planes del momento del cine mudo.

En el mundo de los actores se produjo el pánico, ya que temieron que sus voces no fueran adecuadas a los cambios. Todos fueron obligados a pasar prueba de voz, que la mayoría pasaron, pero que otros se quedaron en el camino, como es el caso de Buster Keaton. Caso diferente fue el de Charles Chaplin. La llegada del cine sonoro le supuso un duro golpe, al principio se negó a aceptarlo, negándole validez artística. Evitó hablar en dos películas ya sonoras: Luces de la ciudad (1931) y Tiempos modernos (1936), que no eran en realidad sino películas mudas con músicas y efectos ingeniosamente sincronizados. Todo hacía pensar que Chaplin, el gran mimo, sería una más de aquellas estrellas que no supieran adaptarse a la llegada del cine sonoro. Chaplin habló por primera vez en la pantalla en El gran dictador (1941), cuando lo hizo, volvió a tener el éxito de siempre.

Algunos directores de fotografía afirman que el cine sufrió un retroceso al llegar el sonoro, pués limitó enormemente las posibilidades creativas del mismo. Se perdió cierta fluidez, creatividad y ritmo. Las cámaras hacían mucho ruido, y las filmaciones debían de hacerse en riguroso silencio. Los micrófonos lo captaban todo y al mismo tiempo no se entendían correctamente las voces de los actores. El operador encerrado en una cabina insonorizada no se enteraba nada de lo que no veía, lo que relentizaba el trabajo.

Como vemos, el sonido era un problema en los primeros tiempos del cine sonoro. Los actores perdían agilidad en los movimientos narrativos ya que tenían que hablar cerca de los micrófonos. Los equipos de sonido de la época exigían que la persona que hablaba se dirigiese al micrófono y a corta distancia. Los micrófonos se escondían en los floreros, tras las cortinas o en la peluca de los actores. En muchos films de aquellos tiempos se puede apreciar el envaramiento de los actores y su cercanía extraña hablando con los objetos más diversos. Un buen ejemplo de todo esto lo podemos ver en la película Cantando bajo la lluvia (1952) de Stanley Donen y Gene Kelly.

Hacía 1928 ya se habían superado muchos de estos problemas técnicos. Se inventó la “jirafa”, el micrófono que se coloca en lo alto de la escena y se evitaron así las cámaras insonorizadas.

Vuelven las guerras comerciales por estas fechas para repartirse el mercado mundial de los equipos para estudios y salas.

En cuanto al lenguaje cinematográfico, al principio se vuelve al “teatro filmado”, en el que el ritmo de los planos, fijos y teatrales se ven supeditados a los interminables diálogos y canciones. Aparece el género del Music-hall y de la comedia musical.

La diversidad idiomática dificulta la distribución internacional de las películas. Para salvar este obstáculo, las productoras filman la misma película en varios idiomas, sustituyendo a los actores y actrices, pero utilizando los mismos decorados y el mismo equipo técnico.